La literatura no es más que sacar de contexto la realidad que nos rodea. Así si vamos a un museo y nos encontramos una botella de agua mineral en una vitrina la observaremos con ojos de admiración por el atrevimiento del artista de haber sacado la botella de su contexto para encerrarla en otro bien distinto. Pues bien, en literatura pasa lo mismo, la realidad que nos rodea servirá para escribir mil historias.
A partir de un objeto que reciclaremos, el alumno deberá inventar todo lo que sea posible y comentarlo a toda la clase, por ejemplo: un tubo de papel higiénico puede ser para un joven un perfecto túnel del tiempo, una rueda o una torre de marfil instalada en el baño… De nuevo una tormenta de ideas caerá sobre cada objeto, todos los alumnos participarán con su imaginación en la creación de ese nuevo objeto, antes inservible y ahora reciclado con un uso artístico.
Una vez agotadas las ideas, una vez que ya todos los alumnos vean su objeto como mil cosas posibles y no como basura, nos pondremos de nuevo manos a la obra, meteremos las manos en la masa de la literatura y crearemos los relatos breves que la fantasía de nuestro objeto nos ha hecho pensar.
¿Qué se consigue con esto? Enseñar a los alumnos a crear, a imaginar a partir de la nada y así entender que no se necesita gran cosa para escapar de la rutina.
Resultados: Pasión por la literatura, partiendo de un objeto externo a ella se conseguirá llegar a las palabras, a la creación de sus propios cuentos, de sus propias historias. Además de la sensibilización con el medio ambiente a la hora de salvar basura para reciclarla en arte.